"Mi hijo de 14 años cambió de la noche a la mañana. Cinco doctores dijeron que no tenía nada. El Cacique Mayor encontró la raíz en una sola llamada."
El mal que sufríamos: Mi hijo era un niño sano, alegre, buen estudiante, con amigos, con planes para el futuro. De un día para otro, todo cambió. Dejó de comer, no quería salir de su cuarto, empezó a hablar solo, a mirar a la pared durante horas, a despertarse gritando a las tres de la madrugada. Lo llevé a cinco doctores diferentes en Los Ángeles: psiquiatra, neurólogo, psicólogo, médico general, hasta un especialista en adolescentes. Todos los estudios salieron normales. Uno me dijo "es adolescencia", otro me dijo "es depresión", otro me recetó pastillas que no hacían nada. Mi hijo empeoraba cada día y nadie me podía explicar por qué.
Por qué busqué ayuda: Una vecina, doña Rosa, que es de Guatemala, me vio llorar en el pasillo de la casa y me dijo: "Mija, ese muchacho no tiene nada del cuerpo. Eso es un trabajo de maldad. Llévelo con el Cacique Mayor". Yo era escéptica. Soy profesora, tengo carrera universitaria, no creía en esas cosas. Pero mi hijo bajó 18 libras en dos meses, dejó de ir a la escuela, y yo ya no dormía del miedo. Escribí al Centro Internacional de la Salud Natural desde Los Ángeles, más por desesperación que por fe.
Solo el Cacique Mayor encontró la solución cuando toda la medicina moderna de Los Ángeles se había rendido. Le agradezco a Dios todos los días por haberlo puesto en mi camino.